
Los rugidos retumban entre las grises
sentada frente a una playa,
mirando al horizonte observo la tempestad,
mi alma está en calma y cada ola se lleva cada impulso.
Dejo atrás la agonía, quizás solo repose en letargo,


sentada frente a una playa,
mirando al horizonte observo la tempestad,
mi alma está en calma y cada ola se lleva cada impulso.
Dejo atrás la agonía, quizás solo repose en letargo,
la muerte acerca su barca a la orilla,
para arrastrarme cual tabla de madera
siguiendo el movimiento de las olas, a la deriva.
Un vendaval me hizo volar
como hace bailar la espuma entre las olas
separando el alma y el cuerpo
sin remedio, sin pensar.
Ya casi no diviso la tierra firme en la que marcaba mis pasos,
tras la marea desaparece y se convierte en una ilusión,
la fuerza desfayece, la energía se va apagando,
derramando las últimas gotas de aceite que quedaron en el candil.
El mar me arrastra hacia sus profundidades.
A la deriva sigo las contorsiones de las olas
dejando flotar las astillas que quedaron
sin rumbo alguno, sin luz,
todo está oscuro como la noche
y luces intermitentes las que la hacen menos tenue.



Sigue tus pasos, avanza sin mirar atrás y mira a tu alrededor. Ten los ojos abiertos y únelos a los demás.




